Antiguo municipio de Alza: colonialismo, autonomía e independencia
Antxon Alfaro
Bajo este título, en 1978, las “Asociaciones de vecinos de la zona” de Altza publicaron un artículo en la revista Hauzolan. Esta revista fue el resultado de una quincena de reflexión organizada por las Asociaciones de Vecinos de Gipuzkoa en favor de la institucionalización, celebrada entre el 24 de junio y el 7 de julio de aquel año, en un contexto marcado por el final de la dictadura y la inminencia de las primeras elecciones municipales democráticas, al año siguiente.
Los artículos de Hauzolan abordaban, de forma sintética, los principales problemas que afectaban entonces a pueblos y barrios de Gipuzkoa: las pensiones de pobreza, la falta de centros escolares, el urbanismo desordenado, la sanidad, entre otros. Algunas de las imágenes que acompañan este texto proceden de aquella publicación y sirven como testimonio gráfico de la realidad social del momento.
En el artículo dedicado a Altza, las asociaciones vecinales denunciaban con dureza las circunstancias y los métodos mediante los cuales se llevó a cabo la anexión de la villa de Altza al municipio de Donostia. A su juicio, se trató de un proceso basado en “maniobras sucias e ilegales, en circunstancias no democráticas y con el temor o terror metido en sus carnes como consecuencia de los efectos de la guerra civil, el pueblo de Alza contempla la destrucción de su propio ser e identidad como pueblo“.
El texto subrayaba además que las sucesivas corporaciones fascistas de Donostia habían incumplido de manera sistemática los compromisos “reflejados en el Acta de Anexión“. A partir de esta constatación, se abría una reflexión dirigida a la nueva corporación municipal que debía surgir tras la muerte de Franco. El objetivo era establecer una hoja de ruta que permitiera revertir el expolio sufrido por la villa de Altza tras la anexión fascista.
En ese marco, las asociaciones vecinales proponían una serie de etapas orientadas a la recuperación de la identidad colectiva y al fortalecimiento de la autonomía local:
“1.-Conjuntamente con las fuerzas políticas y sociales de la zona, se debe realizar una labor de concienciación para recuperar esa identidad de pueblo, su “personalidad”.
Esta etapa no solamente sería previa a las elecciones municipales sino que sería una etapa permanente de acción, ya que el grado de aniquilación del “sentimiento” de pertenecer a un pueblo es tal que su recuperación exige una dedicación prolongada.
2.-Entendemos que deben cumplirse los acuerdos suscritos solemnemente en el Acta de Anexión, especialmente en lo referente a:
- Creación de un Distrito propio.
- Creación de una Tenencia de Alcaldía con un teniente de alcalde al que se deleguen amplitud de poderes.
Sin embargo, queremos añadir a estos compromisos formales la necesidad de que se abran vías de participación ciudadana, de lo contrario no habremos avanzado apenas en la democratización de nuestras instituciones.
Queremos que el pueblo pueda estar presente a través de organismos más directos en el control y gestión de sus propios asuntos.
Para ello, solicitamos la formación de una JUNTA MUNICIPAL, institucionalizada como organismo público, elegida democráticamente en el propio distrito y a la que se le delegaría amplitud de poderes. Sería una labor de las fuerzas políticas y sociales el estudiar la posible composición de esta Junta Municipal, donde tenga cabida de alguna forma la participación popular.
Sería preciso que la institucionalización de estas formas de participación ciudadana se realizase de tal forma que esta etapa pueda ponerse en marcha a raíz de las elecciones municipales.
De esta forma conseguiríamos que el Municipio de Alza tenga ese grado de autonomía al que es acreedor no sólo por razones históricas, sino también por la lucha que a lo largo de los siglos ha mantenido para estar presente en el control y gestión de sus propios asuntos.”
El artículo se cerraba con una reflexión abierta sobre el futuro, al señalar que “el tiempo nos dirá qué etapas sucesivas de mayor autonomía o independencia se requieren para una mejor participación del pueblo en los asuntos públicos“.
Casi medio siglo separa los artículos publicados por las asociaciones vecinales de Altza en 1978 y por las del Distrito Este en 2026, pero sus reivindicaciones mantienen una notable continuidad, tras décadas de corporaciones municipales donostiarras de prácticamente todo el arco político.
Ambos textos expresan una misma sensación de marginación por parte del Ayuntamiento de Donostia y una falta de órganos propios con competencias efectivas y recursos suficientes, frente a modelos meramente consultivos que vacían de contenido la participación ciudadana.
Como conclusión de la lectura de ambos artículos, se evidencia que muchas de las aspiraciones planteadas tras el final de la dictadura -autonomía real, capacidad de decisión y reconocimiento político del territorio- siguen, décadas después, sin resolverse plenamente.





