“Azpil” euskaltegia: nacido del compromiso colectivo
Luismari Ralla, Antxon Alfaro
En la década de 1970, en Altza, como en tantos otros pueblos de Euskal Herria, empezaron a surgir las Gau eskolak, escuelas nocturnas para la enseñanza del euskera, pensadas para personas adultas que trabajaban o estudiaban durante el día. Eran iniciativas populares y autogestionadas, impulsadas por voluntarios y militantes comprometidos con la recuperación y la defensa del euskara. Quienes impartían las clases lo hacían de forma totalmente altruista, sin recibir ninguna compensación económica, movidos únicamente por el compromiso cultural y lingüístico. Las clases se impartían en locales cedidos por parroquias o centros educativos.
Con el paso de los años, el movimiento fue creciendo y, a comienzos de la década siguiente, empezó a tomar forma la idea de crear en Altza un euskaltegi que ofreciera clases durante toda la jornada.
La búsqueda de un local adecuado les llevó hasta la antigua Casa Cuartel de la Guardia Civil de Herrera, conocida como casa Iziartxo, que entonces estaba en venta. El edificio había sido expropiado por el franquismo para instalar allí el cuartel, que se mantuvo en el lugar hasta principios de los años ochenta, cuando se trasladó al nuevo cuartel construido en Intxaurrondo.
Se trataba de un edificio muy bien situado y con buenas comunicaciones. Finalmente decidieron adquirir el sótano -donde anteriormente se encontraban los calabozos- y la planta baja. La decisión supuso un importante compromiso personal y colectivo, ya que las personas implicadas asumieron responsabilidades económicas y legales sin apenas recursos y con el único objetivo de dotar al euskara de un espacio propio en Altza. Aquel gesto, hecho a título particular y con todo lo que conllevaba, dice mucho del tipo de militancia que sostuvo el proyecto.
Según consta en la escritura de compraventa cedida por Luis Mari Ralla a la Colección Local de Altza, la adquisición se formalizó el 26 de enero de 1984. En representación de las Gau eskolak de Altza firmó Luis Mari Ralla Arruti y, por parte de AEK de Donostia, Alfonso Mugica Echeverria, responsable del euskaltegi “Ricardo Arregi”. La compra tuvo que hacerse de manera particular, ya que ni las Gau eskolak ni AEK contaban todavía con entidad jurídica propia.
Los vendedores eran Joaquina Urdagarin Berroa y los hermanos Ascensio, Vicente y María Mercedes Echeveste Urdangarin. El marido de esta última, José María Yarza, había sido además uno de los fundadores de la ikastola Herri Ametsa de Altza.
El local costó 1.400.000 pesetas. Una parte del dinero fue aportada por AEK y el resto se consiguió gracias a los fondos recaudados en Altza durante las tres primeras ediciones de Korrika. Tras la compra, y nuevamente mediante auzolan, con una implicación notable de las y los euskaltzales de Altza, se acondicionaron las instalaciones y se prepararon las aulas. Aquel trabajo colectivo refleja una vez más el enorme esfuerzo militante que hizo posible la recuperación social del euskara. Muchas personas pusieron tiempo, trabajo y recursos propios, sin esperar nada a cambio, convencida de que la lengua necesitaba espacios vivos para sobrevivir y crecer.
Al nuevo euskaltegi le pusieron el nombre de “Azpil”, en referencia al pueblo imaginario que aparecía en la primera novela de Joan Mari Irigoien, Oilarraren promesa. Según explicó el propio escritor, aquel pueblo simbolizaba el desastre sufrido por su verdadero pueblo, Altza.
El 4 de mayo de 1990 se formalizó por fin la compra del local a nombre de AEK, que para entonces ya había adquirido entidad jurídica. De esta forma, se regularizó una situación provisional que se había mantenido durante seis años, aunque sus consecuencias todavía se prolongarían a lo largo de unos cuantos años más. Para entonces, el euskaltegi había crecido de manera notable: contaba ya con nueve profesores y profesoras, y ofrecía clases a lo largo de todo el día.





2026, 11 de Junio
Allí pasé algunas unas cuantas tardes dándole al euskera.