Visitas de Isabel II en 1845: Herrera, Molinao y Uba

2026, 2 de Noviembre

Uba (Col. particular, h. 1910)

Uba (Col. particular, h. 1910)

Ion Urrestarazu Parada

Esta transcripción recoge las crónicas publicadas por la Gaceta de Madrid sobre la estancia de Isabel II en San Sebastián en agosto de 1845. Corresponden al núm. 3986, de 13 de agosto de 1845 (pp. 2-3), y al núm. 3987, de 14 de agosto de 1845 (p. 3). Narran las excursiones de la familia real por la bahía de Pasaia, Lezo y el Urumea hasta Loiola y Uba, con la colocación de la primera piedra de la escollera del Molinao, así como otros actos de aquellos días, y se reproducen con la grafía original y notas sobre cursivas y erratas.

San Sebastian 8 de Agosto.

La Reina continúa disfrutando la mas completa salud, y de igual beneficio disfrutan sus augustas Madre y Hermana. A las cinco y media de la tarde de ayer salió la Real familia de su palacio, dirigiéndose al punto de la Herrera, orillas del puerto de Pasages. Alli la estaba preparada una lindísima falúa, donde se colocó, acompañada del Ministro de Estado y personas de la Real cámara. El comandante de marina de la provincia de Guipúzcoa tomó el timo, como correspondia. A las aletas del régio batel navegaba el bote destinado para los Ministros y el capitan y comandante general de la provincia. Otro contenia á la diputacion foral con el gefe político á su frente: en otro y otros muchos se notaban los altos funcionarios del Gobierno, ayudantes de los generales, gran número de señoras de esa corte, gentes notables de estos pueblos, y finalmente dos grandes lanchones de lindas bateleras engalanadas al uso del pais, que bogaban graciosa y diestramente, y fijaban la atencion general. Los botes destinados á los Ministros y dependientes del Gobierno eran pertenecientes al precioso bergantin de guerra el Nervion[1], surto en el puerto, y dirigidos por oficiales ó guardias marinas. Organizada asi la naval romería, y entre los alegres vivas de la numerosa concurrencia que coronaba el embarcadero y las colinas inmediatas, hizo rumbo al centro de la bahía, donde hubimos de presenciar dos escenas que excitaron nuestro interes, y acrecentaron la general efusion. Vimos de pronto detenerse la carroza Real y acercarse al costado otra carroza ocupada por una comision del camino que se construye de Andoain á Irun pasando por San Sebastian, y el ingeniero encargado de su ejecucion D. Antonio Ibarraran. El presidente de la misma D. Fermin de la Sala tuvo la honra de dirigir á S. M. la siguiente alocucion:

“Señora. Este pais, que ha sufrido el cruel azote de la guerra, está ansioso de gozar los beneficios de la paz. Como uno muy importante se ha proyectado la apertura de este camino que va á allanar y embellecer la extremidad del Pirineo español. V. M., llamada á presidir al benéfico movimiento de estas empresas que tienen por condicion la paz y por resultado la prosperidad pública, se digna colocar la primera piedra de la Escollera del molinado (sic), uno de los principales estribos de este camino por donde quiera el cielo que se mantengan perpetuas relaciones de paz y amistad con todos los paises civilizados del mundo, para que el reinado de V. M. sea tan próspero y feliz como lo deseamos.


Tal era pues el importante objeto de aquella detencion momentánea. La Reina con efecto, dignándose recibir en sus Reales manos la misma palanca de que uso el Rey D. Fernando su augusto padre para colocar en el año de 1828 la primera piedra de las casas consistoriales de esta ciudad, arrojó á las aguas la primera tambien en que ha de basarse el principal estribo de la nueva carretera; y en la cual van colocadas y cerradas herméticamente un ejemplar de la guia d este año, y varias monedas de oro, plata y cobre del glorioso reinado de Isabel. Su augusto nombre fue aclamado en este momento por un viva universal. El centro de la bahia, frente al pueblecito de Pasajes, fue el elegido por sus leales moradores para ofrecer á la Real familia el testimonio de su amor. Dos grandes balsas adornadas con flores y colgaduras sostenian un precioso arco de triunfo formado de ramaje, de cuyo centro se desprendia una paloma como para colocar en las sienes de S. M. una corona de rosas.


Tambien alli se dignó detenerse para presenciar las danzas del pais, ejecutadas sobre las balsas por lindísimas cuadrillas de niñas y niños que, al pasar bajo del circo la falúa Real, derramaron sobre ella multitud de flores. Las salvas del Nervion[2] y otros buques guardacostas anclados en el puerto, el repíque de las campanas, el eco de los instrumentos, los gritos de alegre entusiasmo y alborozo en que prorumpian[3] sin cesar la poblacion flotante, y la que coronaban las frondosas colinas que circundan el puerto de Pasages, formaban un conjunto seductor, verdaderamente original y poético, que sin duda hubo de causar á la Régia familia, y nos hizo experimentar á todos, las mas gratas sensaciones. La Reina llegó en fin al término del paseo ,que era el pueblo de Lezo, cuyo santuario visitó entre los sencillos agasajos y fervorosas aclamaciones de sus habitantes, y saltando de nuevo á la falúa, surcó rápidamente la dilatada extension de la ensenada, y tomando los coches en la Herrera, regresó á esa ciudad cerca de anochecido.


Al pasar al frente de Pasages hemos visto con suma complacencia en aquel astillero dos bergantines de guerra muy adelantados en su construccion.


Completo ha sido el placer  de esta romería, no obstante los abundantes aguaceros que han empapado á los desprevenidos navegantes. Los gastos de la funcion han sido de cargo de la diputación foral de la provincia, la cual nada ha omitido para darle todo el realce que requeria el objeto.


Otra semejante se verifica en la tarde de hoy por el Urumea hasta el valle de Loyola, de que hablaremos á VV. en vuestra próxima comunicación.


***********


SS. MM. salieron ayer al mar á la una, y tomaron como de costumbre su baño con toda felicidad. A las cinco de la tarde se dirigieron á la bahía de Pasages, acompañadas tan solo por solemnidad de una escolta de 12 caballos. El capitán general y comandante general de la provincia iban á su inmediacion de gran uniforme: seguian en un carruaje el Ministro de Estado y su subsecretario, el subsecretario de la Guerra y otros muchos señores, y en una góndola iba la diputación con el gefe político, á quien convidó al efecto ,y con el confesor de S. M. la Reina Madre, el Sr. Lezo. Nada es comparable á la vista que presentaba la bahía de Pasages, cuando llegó la comitiva á la Herrera. Mi relacion, por mas que esforzase, siempre seria pálida y fria, por lo que referiré a Vds. los hechos sencillamente.


Mas de cien embarcaciones, la mayor parte limpísimas y elegantes, contenian lo mas florido de ambos sexos que tiene esta ciudad y pueblos inmediatos. El vitoreo fue inmenso: el entusiasmo imponderable. La falúa Rea era elegantísima, de casco blanco y toldo carmesí. Cuando SS. MM. entraron en ella con el Sr. Ministro de Estado y la servidumbre, el vocerío, los vivas, las lanchas que se tropezaban con la prisa de marchar, daba una animación á aquel cuadro marítimo que no era comparable con él nada de lo que se hace en tierra. Cuando avanzamos por la bahía, la sorpresa de todos los concurrentes fue extraordinaria. En medio de las aguas se habia levantado como por encantamiento u narco triunfal de ramaje y flores: á sus costados, sobre tablados contiguos, bailaba una lucidísima comparsa de niñas y muchachos graciosamente vestidos, enlazando y desenlazando nudas de cintas de colores; S. M. desasida en medio del mar gozaba de aquel espectáculo con extremada bondad. La música de aficionados de Pasages en traje griego, y el ayuntamiento de  la misma villa de ceremonia y con banderas despegadas seguian á continuacion. A los costados habia dos lanchas de bateleras, cada una con 12 remeras de las mas guapas chicas del pais, galanamente vestidas con sobreros de paja y traje blanco.


El movimiento de las embarcaciones, el estruendo de las salvas de artillería, las músicas, el vocerío, los grupos y comparsas, las campanas de Pasages, la vista de esta villa, colgada lo mejor posible, el santuario de Lezo en primer término, y cerrando el cuadro nuestros montes con su lozano y eterno verdor, formaban un cuadro que impresionaba profundamente el ánimo. Cuando S. M. pasó por debajo del arco triunfal, que hoy pudiera llamarse de las Ondinas[4], las comparsas de niñas y muchachos arrojaron ojas[5] de rosa y ramos de flores. Inmediatamente después se presentó la comision de la empresa del nuevo camino de Rentería, que ofreció á S. M. la primera piedra, la cual fue arrojada al mar con toda solemnidad. Desembarcaron SS. MM. en el muelle de Lezo, en medio de un inmenso gentío que las aguardaba con impaciencia. La música de aficionados de Irun, que traia la bandera de aquella villa, la saludó con la marcha Real, que tocó perfectamente, asi como otras piezas. En la puerta del santuario esperó la diputacion á SS. MM., teniendo tres de sus individuo con el señor corregidor político las baras del palio, y haciendo otros dos el recibimiento á SS. MM. y comitiva. El ayuntamiento en cuerpo las felicitó al tiempo del embarque. La basílica estaba lindamente preparada, y con un reclinatorio decoroso para las Reales personas. Después de orar SS. MM. entraron en la sacristía, vieron cuanto contenia, dejaron una limosna abundante ,y se retiraron en medio de una inmensa muchedumbre.


En el camino, al aproximarse al embarcadero, se encontraron sorprendidas con otra escena campestre de las mas interesantes: la diputacion les presentó cuatro vacas de las mas lindas del pais, cada una con su ternera de cria, adornadas de flore y ramos; sencillo homenaje que la provincia ofrecia á SS. MM. como el mas análogo á sus costumbres y ocupacion. Se dignaron admitirlo con extremada bondad, añadiendo S. M. la Reina Madre que para acordarse de los guipuzcoanos no habia menester de regalos[6]. Un viva prolongado cerró la escena.


Un chubasco fuerte que sobrevino entonces no fue bastante á dispersar la muchedumbre ni á mitigar su alegría: solo se ocupaban todos de que S. M. subiese sin incomodidad á la falúa, saludándola con mil vivas asi que estuvo en ella. Regresamos con el mismo órden y en la lisongera confianza de que si otros pueblos mas ricos ofrecen á los Reyes obsequios mas esplendidos y de mayor opulencia que los nuestros, ningunos serán ciertamente mas puros ni mas sinceros.


Desde que S. M. ha pisado nuestro territorio el pais vascongado se presente á S. M. en toda su verdadera pureza y sencillez.


***********

Idem 9.


La Reina y sus augustas Madre y Hermana siguen disfrutando la mas completa salud.


No menos agradable que la romería de Pasages fue la que ayer verificaron las Reales personas. El tiempo estaba sereno y apacible. A la inmediación del puente de Santa María tomaron la falúa preparada, y siguiendo rio arriba el Urumea desembarcaron en los caserios de Loyola. El puente de este nombre, que atravesaron, estaba adornado con guirnaldas, y bajo de la corona Real colocada en el frontis se leia;[7] A la Reina Doña Isabel II[8]. El capitan y comandante general de la provincia, los altos funcionarios del Gobierno, el ayuntamiento y comisiones de la diputacion foral, que mancomunadamente han costeado este festejo como los demas que en los siguientes dias han de verificarse, y gran numero de personas notables formaban en muchas otras embarcaciones el acompañamiento de la Real familia. Por tierra y en la misma direccion concurrian hácia Loyola multitud de gentes de toda la comarca, ansiosas de participar de la campestre diversion.


La brillante música del regimiento de Mallorca y las de aficionados de esta ciudad y Pasages hacian resonar sus ecos agradable, y de todas partes un alegre y no interrumpido “viva la Reina” resonaba y repetia en las sinuosidades del valle. El contento y animacion que se observaba en el angélico semblante de Isabel era indicio seguro de la emocion que aquellos amenos sitios, aquellas sinceras demostraciones la causaban. La Reina visitó la próxima ermita donde se venera á Nuestra Señora de la Uba, y se encaminó seguidamente á la cumbre del Amezagaña, altura culminante, funestamente célebre en los fastos de la pasada guerra civil, donde tantos leales perecieron invocando su augusto nombre. S. M. y S. A. subieron en artolas: la Reina Madre á pie, no obstante la muy larga y rápida pendiente.


Largo rato se detuvieron en el magnífico punto de vista contemplando el Occéano, la bahía de Pasages,  San Sebastian y sus pintorescas comarcas, los empinados montes de Navarra, toda la extension del frondoso valle, los pueblos de Hernani y Astigarraga, y en su mayor  parte las verdes colinas de Guipuzcoa, conjunto delicioso que elogiaron una y mil veces las Reales personas. Descendieron al fin, y siempre bondadosas aceptaron el ligero refresco dispuesto por las autoridades en uno de los caseríos. Entrada ya la noche volvieron á embarcarse, y acompañadas y vitoreadas en la misma forma, regresaron á San Sebastian cera de las nueve, encontrando iluminados los puentes, el embarcadero, y todo el caserío del interior de la ciudad contiguo á su palacio, cuyos habitantes quisieron ofrecer esta nueva y espontánea demostración de su contento y lealtad, porque nada faltase al placer de este dia, que si tan gratas recreaciones ha ofrecido á nuestra amada Reina y augusta familia, deja tambien una memoria indeleble á los honrados guipuzcoanos que en el ameno valle de Loyola disfrutaron su amable presencia. (Heraldo.)


***


San Sebastian 9 de Agosto.


SS. MM. y A. tomaron ayer con toda felicidad el baño de mar, habiendo visitado la iglesia de San Vicente antes de verificarlo. Por la tarde se ofreció á SS. MM. un espectáculo que tenia todo el colorido local, una verdadera romería de todo punto conforme con las costumbres de este pais primitivo y casi patriarcal.


A las cinco de la tarde se embarcaron SS. MM. y A. en una chanela al pie del puente de San Catalina, acompañadas del Sr.  Ministro de Estado, gefes y demas de palacio. A su inmediacion marchaban en otras embarcaciones e capitan general y autoridades de la provincia, asi como la diputacion foral y el ayuntamiento de esta ciudad. Subíase, á favor de la marea, rio arriba por el Urumea, siendo el objeto de la correría el que S. M. gozase la agradable y encantadora vista que ofrecen los valles situados á derecha é izquierda del rio; y en efecto no es posible gozar un espectáculo mas hermoso. Camínase al principio por una encañada, no muy cerrada, cubierta del mas lozano verdor, completando la ilusion el ramaje que sin interrupcion adorna las márgenes del rio. Hasta 36 embarcaciones acompañaban á la régia comitiva, formando una vista deliciosa. La música del regimiento de Mallorca tocaba navegando por el rio, y en puente de Loyola se hallaba la de los aficionados de San Sebastian. El puente estaba adornado con ramos y guirnaldas de flores y una inscripcion que decia: A. S. M. la Reina Doña Isabel II[9]: todo lo cual producia un magnífico efecto cuando se atravesaba por debajo de él.


Siguiendo el curso de Loyola era la vista cada vez mas bella, á medida que se ensanchaba el valle, hasta que se llegó al caserio llamado Esparchu. Es este una linda casa de ampo, propiedad del Sr. D. Andres Quecheille. Gozaron desde sus balcones SS. MM. y A. un espectáculo que las complació sobremanera, pues ademas de que cuanto alcanzaba la vista era un paisaje precioso en extremo, á la orilla izquierda del rio se hallaba los tamboriles, la comparsa de los famosos espatadanzanis[10] y un inmenso concurso que vitoreaba con vivísimo entusiasmo.

Al extremo de la huerta de esta casa se presentaron á las Reales personas tres partes de artolas; y habiéndose dignado S. M. la Reina y su augusta Hermana subir en ellas, echó el acompañamiento á andar cuesta arriba, causando imponderable júbilo en todos los concurrentes el ver á S. M. y A. sobre la sencilla cabalgadura de nuestro pais, y á la Reina Madre marchando á pie por aquel camino fragoso, rodea de las autoridades y personajes de su comitiva. La caseta de Uba, donde se apeó S. M. y oraron un rato, es una pequeña ermita, linda en extremo y de una sencillez que cuadra perfectamente con los demas acidentes[11] de aquel paisaje campestre. Alli estaba esperando la música de aficionados de Pasages y gran concurso de gentes, señaladamente de labradores, todos los cuales daban muestras de la mas sincera adhesion á la Reina de las Españas.

Continuóse el paseo aun mas arriba, en que la cuesta es cada vez mas penosa,  caminando  S. M. y A. en artolas y la Reina Madre á pie como pudiera una de nuestra vascongadas. Deteniánse á cada momento á considerar el paisaje, cuya belleza renuncio al empeño, inútil para mí, de describir debidamente. Diré á VV. tan solo que la causa de la satisfaccion tan completa que en aquel momento sentiamos todos tenia por orígen la complacencia de ver tan satisfecha á S. M. enmedio[12] de las montañas que son la delicia de los vascongados.

En el alto de Ametzagaña habia un pabellon sencillo con sillas de camp oy escogidos anteojos para el servicio de SS. MM. Tres matronas de gallarda y hermosa presencia, vestidas á estilo de la tierra, le ofrecieron el refresco comun del pais de agua y azucarillos. Puede competir con el mas bello paisaje de la Suiza la vista que se goza desde aquel punto. La tarde estaba en extremo apacible, y al Occidente se veia el sol radiante, próximo á ocultarse en el mar. En la misma direccion se veia á San Sebastian al pie de la bella colina del castillo del a Mota, rodeada casi del todo por el Occéano. A la derecha del espectador, y en el fondo de las montañas, la hermosa bahía de Pasajes, cambiando de frente, el dilatado y variado valle, en cuyo término se divisa Astigarraga, y formando un anfiteatro inmenso, diversas líneas de montañas, cuyos picos discordes presentaban un conjunto imponente, viendose en lontananza las crestas del Pirineo.

Gran le fue la complacencia que manifestaron SS. MM., sirviéndose despues de un ligero descanso descender á pie hasta la casa de campo del Sr. Quecheille. En ella la comisión del a diputacion y del ayuntamiento tuvo la honra de servir á SS. MM. un refresco, que se dignaron aceptar con extremada bondad.

Cerraba ya la noche cuando SS. MM. y A. se embarcaron: la débil luz del crepúsculo, la luna próxima á ponerse, la iluminacion de los caseríos sembrados pro las colinas, la ciudad que se divisaba á lo lejos, las músicas, la confusion de botes y gabarras y el movimiento de las aguas formaban un cuadro deliciosísimo, que duró en armoniosa gradacion hasta el punto en que desembarcaron SS. MM. en medio de una inmensa muchedumbre y numerosos faroles dispuestos para acompañarlas á palacio, como asi se verificó.


Cada dia es mayor el entusiasmo que muestra el pais por las Reales personas al ver su bondad, afabilidad y lo contentas que se halan entre nosotros. Se cree que hoy visitará S. M. á las monjitas de Rentería, yendo por mar desde la Herrera, y que esta noche probablemente asistirá al teatro, habiéndose escogido para la repersen[ta]cion la pieza de Bruno el Tejedor[13].


(Heraldo.)


***********

Idem. 10.


La Reina continúa disfrutando la mas completa salud, y lo mismo sus augustas Madre y Hermana.


En la tarde de ayer la Real familia dirigió su paseo al pueblo de Rentería, situado á la inmediacion de la bahía de Pasages, regresando á esta ciudad á las nueve de la noche. Estas excursiones á los diversos puntos pintorescos que por do quier ofrece el pais agradan sumamente á S. M., y producen en su salud interesante los mejores efectos.


Anunciado como lo estaba que la Reina honraria con su asistencia el teatro de esta ciudad, muy antes de la hora se llenaron todas sus localidades, notándose en la escogida concurrencia casi todos los funcionarios de la corte y el  gran número de personas distinguidas de Madrid que estan aqui de temporada. El coliseo, que si bien pequeñito como todo en S. Sebastian, es siempre lindo y bien decorado ,era anoche mas bello por la iluminacion interior y exterior que le animaba y la elegante sociedad que la concurria. La Reina apareció al fin. En el entreacto se dignó aceptar un ligero refresco que el ayuntamiento le tenia preparado; y concluida la funcion, de que la Real familia se manifestó complacida, y en cuya ejecucion se esmeraron los actores, se retiró á su palacio entre los saludos y vivas aclamaciones de la concurrencia que llenaba el interior y las afueras del local.


En la tarde de hoy tendrá lugar la revista que pasa S. M. á la guarnicion de la plaza, y por la noche la gran serenata que en su obsequio dará delante de palacio la sociedad filarmónica de esta ciudad. (Id.)


[1] En cursiva en el original.

[2] Cursiva en el original.

[3] Tal cual.

[4] Cursiva en el original.

[5] Tal cual.

[6] Cursiva en el original.

[7] Tal cual, punto y coma, en vez de dos puntos.

[8] Cursiva en el origianl.

[9] En cursiva en el original.

[10] Tal cual.

[11] Tal cual.

[12] Tal cual.

[13] Cursiva en el original.

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